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En los últimos años, la ambición de triunfo ha llevado a deportistas de distintas disciplinas a utilizar sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento deportivo. Desde las organizaciones deportivas mundiales se han redoblado los esfuerzos para eliminarlo aumentando los controles y aplicando sanciones más duras. Sin embargo, estas prácticas son cada vez más comunes, y las técnicas y drogas más diversas y sofisticadas.
La tentación a que se ven sometidos los deportistas es enorme, ya que el premio en dinero y prestigio que el éxito trae consigo es en muchos casos, de gran magnitud. El negocio de los eventos deportivos, producto de las transmisiones y los patrocinios, e incluso la presión que ejerce la sociedad sobre sus representantes deportistas, a los cuales exige mejores marcas y resultados, llevan a los atletas a buscar el triunfo sin importar el medio por el cual éste llegue y sus posteriores consecuencias. A pesar de los muchos controles a los cuales se los somete, ellos se arriesgan al deshonor de ser descubiertos y sancionados deslumbrados por las puertas que pueden abrirse a partir de una victoria.
El dopaje no es nuevo
El dopaje no es un fenómeno del siglo XXI, sino que su origen se remonta en el momento de la aparición del hombre en la faz de la tierra en su búsqueda de mejorar sus aptitudes productivas e intelectuales. En el campo estrictamente deportivo, el consumo de sustancias ilícitas a gran escala fue el centro de la estrategia que la Alemania Oriental aplicó sobre sus atletas, con el fin de demostrar que el socialismo era mejor que el capitalismo mediante la competencia olímpica. Cuando este plan fue dado a luz al mundo, se pudo observar las deformaciones hormonales que habían sufrido las atletas como consecuencia de la acción de las sustancias en los organismos.
No obstante, la tendencia a mejorar los rendimientos mediante sustancias químicas ha aumentado notablemente desvirtuando la noción de competencia leal. El ciclismo es acaso, la disciplina con uno de los mayores índices de doping positivos. El esfuerzo que requieren las distancias recorridas en las competiciones lleva a los deportistas a tentarse a sacar una pequeña ventaja sobre el resto que les permita superar a sus colegas.
Casos famosos
El recordado llanto de Diego Maradona en el mundial 94 en el que se destrozaban las esperanzas de los argentinos, es sólo un pequeño peldaño en la historia del doping en la que también estuvieron implicados los tenistas argentinos: Guillermo Cañas, Guillermo Coria, Juan Chela, Mariano Puerta, futbolistas como Daniel “lobo” Cordone y Esteban González, y deportistas de fama mundial como el heptacampeón del Tour de France Lance Amstrong.
Drogas y adicciones
“Entre las drogas que son consideradas prohibidas por el Comité Olímpico Internacional (COI) se encuentran: estimulantes, narcóticos, beta bloqueantes, diuréticos, hormonas peptídicas y sus
derivados. Está prohibido el doping en sangre, así como la manipulación farmacológica, física y química de la orina.
Otras drogas no están prohibidas, pero si sujetas a ciertas restricciones como el alcohol, la marihuana, el cannabis, los anestésicos locales y los corticoesteroides”. La mayoría de los deportistas ingieren sustancias para mejorar deshonestamente el rendimientodeportivo, sin embargo, otros sufren de adicciones que requieren un tratamiento médico especial, especialmente a la cocaína y la heroína. Los deportistas parecen no escapar a los problemas sociales y el consumo de drogas no es la excepción a la regla. La gran estrella de los Juegos de Beijing, Michael Phelps, admitió haber consumido marihuana lo que provocó un gran rechazo en el mundo del deporte y una sanción de tres meses que terminó recientemente. Asimismo, el caso de Ariel Ortega y Adriano, jugador de la selección brasileña, y sus adicciones al alcohol han sido mediatizados y los tratamientos aplicados ineficientes.
Sin una solución cercana
El consumo de sustancias prohibidas en el deporte ha sido el centro de atención de las autoridades deportivas, sin embargo, la solución del problema no parece estar cerca. Por el contrario, la tecnología puesta al servicio del dopaje con nuevas e increíbles técnicas como el dopaje genético, que no se detecta en los controles convencionales, dificulta aún más la erradicación de este tipo de actos. Los organismos temen que esta situación se vuelva incontrolable en los próximos años. La ambición del triunfo y la gloria puede caer estrepitosamente en vergüenza, ruina y depresión. Se equivocan, y aunque paguen, el deporte se mancha.
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